Tiene un poco de soledad,
una parte que no divide con alguien
y del cual es la dueña exclusiva.

Es experta en amar con la pureza
de un orgasmo,
puede querer sin restricción,
y sentir todo en demasía,
jamás le toma importancia al resultado
si encuentra al imprudente
junto al cual volverse incoherente.

Ella sola contra el mundo,
desaliñada
e impertinente,
acompañada siempre con un poco de poesía,
destacando por su brillo,
un tanto indecente.

Ya no sale con cualquiera,
está cansada de apostarle al más chingón
porque se sabe vulnerable,
es experta en abandonarse
y en huir de las casualidades.

Se perdió en las caricias por él,
allí donde los besos carecen de sentidos,
en el recelo de un amigo,
por el mar del olvido,
por el río de un desquicio.

Ahora, cada noche,
se duerme en mi pecho con el hambre de nosotros,
me grita en silencio
y me mira con sosiego,
me dice que la deje sin aliento y que le robe un suspiro,
y a cada paso incesante nos vamos cogiendo un
poco más,
y a cada hora que pasa, nos damos cuenta
que ya nos conocíamos de siempre.

Ella lleva en su nombre una ninfomanía
exquisita,
que al manifestar sus gemidos
no sabes si estas vivo o cada vez un poco más muerto…




Poema I, Impredecible By: Carlos Capetillo
Todos los derechos reservados.
2019






Si alguien me preguntara que es lo que más extraño de ti, no diría que es tu sonrisa, ni tampoco tu pelo brillante, mucho menos tus ojos; esos ojos que a la primer apertura hacia el amanecer pareciera que el sol nace en ellos. Tampoco y debo decir que aunque me encantaban tus labios, no, no son lo que más extraño.

Recuerdo la última vez que te vi, fue como aquella primera impresión que tienes de una persona al verla sonreír, así te sentí. Me grabé todos tus movimientos, tu risa, tu voz, lo que llevabas puesto. La última vez que te vi fue también la última vez que se me olvidó todo.

-Hola- dijiste y me enseñaste esa sonrisa sarcástica.

No te dije nada, solo asentí con la cabeza, como cuando saludas a alguien por quedar bien. Ya sabíamos que era nuestra última vez.

-Yo sólo quiero decirte que...
-No digas nada, no es lo que quiero escuchar hoy.

Te lanzaste sobre mí cómo si no hubiera pasado nada, ni tiempo entre nosotros. De repente nuestros besos ya no eran más esos tiernos encuentros entre dos enamorados, aquello parecía más una batalla en la que uno de los dos busca ganar. Y así fue, mi lengua ganó aquél encuentro al terminar en tu garganta.
No me pude contener después de tal escena. Te arranqué la ropa como si fuese lo último que haría en la vida, como si ella misma dependiera de eso. Te cargué, con bastante fuerza, te tomé del cabello y te volví contra la pared, mientras tu hacías tus trucos con tu cintura; no me di cuenta en qué momento ya estaba dentro de ti pero de lo que si me acuerdo es que mientras mas te sometía contra la pared más fuerte se desprendía de ti tu aliento, ese aliento que era para mi, en ese momento, un cántico angelical.
Sabía que iba a ser la última vez dentro de ti, lo sabía a tal punto que fue como si te lo hiciera con una clase de odio-amor al mismo tiempo.
Por un momento paré, me salí y comencé a bajar a tus labios, esos mismos labios que tantas veces me besaron con amor, me recibieron con una sonrisa cálida, pareciera que me habían extrañado, como si nunca más los fuera a besar.
Me perdí en tus gemidos, no sé en que momento pasó que terminé diciéndote que te amo al oído; entre gemidos y movimientos bruscos me perdí, te perdí, nos perdimos. Me queda la sensación de que nuestro último encuentro fue de verdad la primera vez que cogíamos con amor.
Estando aún despierto tu yacías dormida, me levanté sólo un poco para poder apreciar una vez más tu cuerpo desnudo; sin que te dieras cuenta hice recorrido de ti, tu pelo, tu cara, tus labios, tus tetas, tu ombligo, tus nalgas, tu coño, tus piernas. En fin me grabe todo cual mapa mental y después me fui.
A pesar de todo no quería que la mañana siguiente fuera algo incómodo ya que en tres días más te casarías y yo sólo seguiría siendo tu mejor amigo. Tu mejor amante.



Te Perdí, By: Carlos Capetillo.
Todos los derechos reservados.
2017

"PERO ASÍ SON ELLAS"

Hoy te extrañé, sí. Como casi siempre. Como todos los días a la hora de irme a dormir, simplemente me pierdo la mirada en algún punto fijo y recuerdo tu rostro. Poco a poco voy haciendo recorrido de él, empezando por tu pelo y tus ojos hasta llegar a tus labios; esos mismos labios que besé infinidad de veces y que no me cansaba de ver sonreír; ésa sonrisa que alegraba mis días y que hacia mis noches. Esas noches que ahora estoy sólo y sin ti, recordándote por lo que éramos y por lo que nos prometimos que jamás seríamos. Ya sabes esas cosas que se dicen un par de enamorados con la fuerza ferviente y el amor intenso de que son ellos contra el mundo; ése mismo mundo que se desmoronó el día que decidiste decirme adiós y dar por terminado todo.
Tal vez no era nuestro momento o tal vez ése era nuestro único momento, sea lo que sea, sólo te escribo esto porque como dice al principio "hoy te extrañé"...

¡No me contestes!; hace más de diez minutos que lo escribí y no sabía si mandártelo o no; Bueno, no me hagas caso al cabo que nuestro pacto no se ha roto pues tu misma dijiste que ya no me buscarías más, ya que aquí el que doblegó su orgullo fui yo; tú no tienes nada de qué preocuparte.

Texto Primero
By: Carlos Capetillo.
Todos los derechos reservados.
2016


UN ROMÁNTICO EMPEDERNIDO



Amo la forma en la que dejas impregnada
Tú esencia en mi hombría.
Esa esencia tan única y poderosa,
Más cuando te acercas a mí con
Toda tu majestuosidad
Hecha mujer.
Amo tu manía de perder el control
Cuando nos convertimos en uno solo.

Amo cuando bajo a tu parte inferior
Y beso tus labios.
Adoro la forma en que tus muslos
Se contraen con fuerza
Apretando mis orejas.
Me encanta la manera en que tus suspiros
Se desprenden de tu boca
Para quedar sin aliento.
Me enloquece el modo en que se liberan
Tus ganas con ese amargo sabor
A victoria sobre mi boca.

Amo cuando tus rodillas se contraen
En mi pecho y resisten y empujan
En un movimiento casi radical.
Amo la manera en la que mi sudor
Recorre lentamente tus mejillas
Y de como tus ojos
Se abren como botón de abrigo
Al sentirme.
Amo la forma en la que te dejas
Manipular a mi antojo
Cuando te tomo por detrás,
Casi sin resistirte.

Me mata la maldita manía,
Que tienes de ensordecer
Mis oídos cuando jalo
Tus cabellos con fuerza,
Con esa misma fuerza
Que un caballero enamorado
Usa para arrancar de la vida
A una flor de tal jardín antes
De ver a su amada.

Me encanta,
Me fascina,
Pero sobre todo
Me enloquece la manera
En la que
Termino sobre ti.
Cansado, exhausto,
Que pareciera inasequible
La forma tan sublime en la que
Tus ganas y las mías
Se cogen de amor.



By: Carlos Capetillo
Todos los derechos reservados.
2017
Back to Top